
Albricias, albricias. Tantálica metamorfosis, espasmódica y contundente ante la penumbra aliciente de una efímera simbiosis. Saquea las reformas, entona las milongas, jamás andante probo, refundió armatoste alguno ante titánica visión. De saberlo habido, suerte cagona, infundio permitido de prognosis fulminante. Ahora le toca a vuestra merced, enfundado en mantón de Manila, relinchando los corceles permitidos en la estancia. Heno de heno y mas que forraje, le cerebro no piensa ante lo inesperado, caen las torres de marfil, sueltan en estampida los elefantes blancos suponiendo andares de berracos gentiles. Bautízame, impío. Bendíceme ateo. Condéname al azufre calcinante, tu maldito contumaz.
Nunca jamás.Siempre tendrás
Nunca veras
Atraerás, atraerás el secreto mas celosamente guardado. Estipendio degenerado de soles en decadencia. Sulfurosa paciencia premiada por su eminencia. Rásgate las vestiduras, que nunca mas habrá lid tan dura, en la cual partero del cancerbero, amase fortuna. Cabila tonto, cabila opa, cabila loco, acarrea tu propio cincel, para quebrar la opresión del grillete, atado al lóbulo de tu lúdico cerebro. Cerebro fenomenal, parsimonioso y ritual binario de hexadecimales microproporciones atiborrando entrenadas las tumultuosas multitudes. Guía estupenda en raza de trepadoras, sopor dilatado de las continuas aberraciones. Sácala, lánzala y deshazte de ella, la factura total de la estadía tardía pagara por si sola la actual letanía.

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