
Antes de comenzar a leer tomense 30 segundos, piensen, hagan memoria, y traten de recordar que cosa material que hayan perdido es la que mas les dolió, yo ya lo se y voy a compartir las cosas que perdí y que me marcaron, almacenandose en un gabinete de recuerdos ocupando cada uno una o varias neuronas.
El primer recuerdo que me viene es el de una billetera que perdí (no se si la extravié o me la robaron la verdad). Eran comienzos de los años 80 y la idea de añadir velcro (o pega-pega como se le conocía en Perú) a una billetera había puesto a este accesorio en el top de la moda, todos tenían o querían tener una billetera de pega-pega y los decorados de moda en esa época eran los diseños playeros, una palmera curvada hacia el mar con el sol en poniente como fondo, o una bandada de gaviotas volando hacia el horizonte teniendo como siempre el mar y el sol como fondo, se capta la idea, ¿no? Pues la susodicha billetera esta, no era una excepción a la regla de la moda impuesta en esa época, era de un color morado obscuro, con los bordes reforzados de una lona color mostaza obscuro y los diseños de la misma eran unas olas algo abstractas. Hasta ahí ninguna diferencia con muchísimas otras billeteras que mis amigos tuviesen, lo que hacia mi billetera especial y diferente a la del resto era que era de tres cuerpos completos y el velcro era el verídico, no como esas imitaciones baratas que no pegaba nada y no hacia el típico scraaattttchhhhh arrastrado que hacia los pega-pegas de verdad-como la mía. Es mas, me esfuerzo un poco mas y zas! puedo recordar el olor de la mica que traía adentro para colocar la parafernalia que uno quisiera. Pues no contento con tener esta espléndida billetera en mi poder (que por mas que hago esfuerzo no consigo recordar como es que llego a mi) la llene con otra de mis mas preciadas posesiones infantiles, unas tarjetas japonesas de Godzilla que mi papá me había regalado, y claro una que otra figurita de algún álbum de moda en el momento.
Pues así como vino, se fue. Un día sin mas ni mas, simplemente desapareció, el ultimo recuerdo que tengo de mi billetera es guardando algún poco dinero que mi mamá me dio para ir a un festival en mi colegio, luego de gastar el dinero y regresar a mi casa ya no había mas billetera, tengo un vaguisimo recuerdo de haberla visto una vez mas en casa, y puede ser, porque a partir de ese día hasta la ultima vez que estuve en mi casa, solapadamente movía cosas con la esperanza de verla, tenerla, olerla y disfrutar de mis tarjetas de Godzilla. Luego de esa vez no volví a encontrar una billetera igual, y me conforme con las baratas de pega-pega falso y hechas de material radioactivo.
Curiosamente el segundo recuerdo que tengo de alguna perdida también tiene que ver con una billetera, pero en este caso no fue la billetera lo que me marco, sino lo que había adentro. Ya eran mediados o finales de los 80 y lo que estaba de moda hacer con mis compañeros de colegio era ir a la feria del hogar. Esta feria era todo lo que un adolescente podría esperar (al menos en esa época) chicas por todos lados, juegos mecánicos, libertad para poder hacernos adultos fumando cigarros baratos, asistir a conciertos de música, en fin ser libres... Pues este era un acontecimiento para mi y mis compañeros y por segundo o tercer año consecutivo habíamos descubierto la ventaja del pase permanente. Era un boleto diario a la diversión en esas vacaciones de mitad de año que tanto esperábamos. Pues el año en cuestión no era como antes, programados para el gran estelar (como se llamaban los conciertos que se organizaban) estaban nada menos que Miguel Mateos y Hector Lavoe. Obviamente habían mas grupos a presentarse pero solo con estos dos era mas que suficiente.
Luego de haber juntado dinero por mucho tiempo (porque el bendito pase este no era nada barato) nos fuimos en mancha a comprarnos nuestro pase permanente, con foto y todo. Ya con el pase en mano estábamos listos para todo; llego el primer día de feria, me emperifolle y salí con rumbo a la casa de Ada que ese día iba a ser el point de reunión para irnos en patota a la feria. Acomode diligentemente el pase en mi billetera (que era de pega-pega también) algunos soles y me la puse en el bolsillo de adelante, para protegerla de los amigos de lo ajeno, a quienes les resultaba mas fácil sacartela del bolsillo de atrás. Tome el bus Lima-Callao, linea 90 de color verde con amarillo, que para variar estaba abarrotado de gente, pero siempre entraba mas (claro en es tiempo no existían las combis y los micros eran el único medio de transporte económico). Me posicioné a la mitad del bus, con una mano en el pasamanos y la otra en el bolsillo delantero en constante vigilia de mi preciado tesoro. Ya después haciendo memoria cai en cuenta de como paso, fue tan rápido y estos choros realmente eran unos maestros.
Ya aproximandome a mi paradero final aviso al cobrador que iba a bajar pasando Faucett, me pide el dinero de mi pasaje para lo cual en ese momento deje desprotegido mi bolsillo para sacar el dinero de otro bolsillo donde lo había puesto para no tener que sacar la billetera al momento de pasar, juro que fueron 30 segundos, pagué, recibí mi cambio avance a la puerta y antes de bajar acerque mi mano nuevamente al bolsillo delantero para sentir el confort que me brindaba el bulto creado por mi billetera y todo lo que su preciado contenido significaba. No mas. Ya no sentía esa confortable incomodidad que hacia el bulto en mi bolsillo, fui robado. El bus ya había parado y el cobrador se había bajado y me hacia señas para que yo baje...¡MI BILLETERA! -grite- ¡ME HA ROBADO LA BILLETERA! nadie se inmutaba, muy por el contrario me miraban con cara de mierda como diciendo que me callara y me bajara de una vez porque estaba demorando el bus, en ese momento me vi caer en un pozo sin fondo, sabia que se había ido, maldije y amenace con sacarle la conchesumadre al choro si no me la devolvía, no hubo resultado, nadie se inmutaba y me seguían mirando con cara de mierda. Como ultimo recurso intente llegar a un acuerdo con el choro (fuera quien fuera) y grite que se quedaran con la plata pero que me devolvieran la billetera porque ahí tenia mis documentos, una vez mas nadie se inmuto. Ya vencido y humillado me baje del bus, odiando a todos, para mi todos eran cómplices del choro y merecían el infierno por igual. Ya abajo a lo único que atine fue a agarrar una piedra y lanzarcela al bus mientras seguía su rumbo por la avenida Venezuela hacia Lima, la piedra callo en el techo y me imagino que asusto al chofer porque vi el bus parar y al cobrador bajar a ver que había pasado, no me quede a ver el resultado ya había emprendido fugaz escape hacia la casa de Ada.
Obviamente todo este incidente había hecho que me retrase por lo que cuando llegue a mi destino ya todos me estaban esperando, prestos a salir a la feria. Luego de contarles lo sucedido hubo un espíritu de cuerpo único y entre todos hicieron una chancha y juntaron para comprarme otro pase. Ya con todo esto nos dirigimos a la feria y compre mi pase y disfrutamos un año mas de las delicias que la feria nos brindaba.
Luego de esto creo que me hice un poco mas desprendido de las cosas materiales porque a pesar que si he perdido muchas cosas mas, ninguna me afecto tanto como estas dos anteriores, recuerdo la revista porno que perdí al tirarla al tragaluz para no ser descubierto, o la cajetilla de cigarros que se perdió al tratar de esconderla entre las paredes que separaban la casa de mi pata Manolo con la casa del costado en el Callao, canicas lecherongas perdidas en le ñoco de agua podrida en la quinta donde vivía, mi escopeta de corcho que termino en el techo de la playa de estacionamiento que había al costado de mi casa, en fin perdidas menores sin importancia o de las cuales me recupere rápidamente tal vez al saber que si se perdieron fue por culpa mía y yo era el único a culpar por esto.
Mi ultima gran perdida no es muy antigua, es mas es reciente, muy reciente, no tiene ni dos semanas de haber ocurrido. Ya había perdido algo similar anteriormente pero no le tome mayor importancia como esta ultima. ¿Que perdí? Todo mi correo electrónico del trabajo. Llevo 3 años trabajando para Apple y desde que entre me dedique a organizar catalogar y guardar los correos que para mi eran importantes, desde el primer correo que recibí a jose.r@apple.com pasando por felicitaciones, promociones, cambios estructurales, llamadas de atención, casos únicos, en fin toda una colección la que tenia guardada ahí, y derrepente de un día a otro...no mas. Maldita sea, por mas que llore e implore a la gente de IT no pudieron hacer nada, habían tenido que resetear toda la red y por desgracia todo el respaldo de mi correo estaba corrompida, no se pudo recuperar, perdida para siempre. Es tu culpa-me dijeron - debiste haber migrado a la nueva plataforma cuando lo indicamos - se expiaron de culpa - no hay nada que hacer, pídele a tus amigos que te manden los correos importantes - finalmente me dijeron, como quien te pasa un algodón con alcohol después de clavarte el cuchillo.
En ese momento sentí lo mismo que sentí años atrás cuando no encontré mi hermosa billetera de pega-pega y cuando caí en cuenta que mi pase permanente para la feria era historia. Se siente como una cachetada de adentro para afuera, que comienza en la pleura y avanza hacia arriba hasta la base del cerebro para hacer un quiebre de 90 grados hacia adelante y salir de tu cuerpo por las órbitas oculares, duele. Lo que es yo no voy a perder las esperanzas y seguiré buscando la forma de recuperar mis preciosos 50 megabytes de información perdida, así como los niños perdidos de Peter Pan siguen buscando sus canicas y yo mi billetera de pega-pega.

