
Durante mi niñez mi barrio era mi barrio, para mi nosotros éramos lo máximo, mejor que cualquier otro barrio del Callao, al pasar de los años la gente se fue dispersando, algunos salieron, llego gente de otros barrios, ya no era el mismo que yo vi de chico. Lo que nunca falto a pesar de los constantes cambios en el barrio fué el personaje de moda. Nunca falto una persona que por su carácter, defecto, profesión, manía, vicio o personalidad se haga de un lugar especial en, no solamente mi barrio, sino en todo barrio donde llegase.
Haciendo memoria el primero que se me viene a la mente es Don Segundo, un anciano de piel curtida y quemada por el sol, calculo yo por los variopintos oficios desarrollados durante su vida que me imagino pasaron desde ser pescador, estibador, mecánico y muchos etcéteras para terminar como cuidador y limpia carros del barrio. No me acuerdo exactamente de su cara, pero si de el como personaje, con su andar pesado y rengueando cada paso que daba, una gorrita de arquero de los 40’s y pantalón viejo y andrajoso (muy acorde para su trabajo) y una personalidad de abuelo, no se porque cada vez que me acuerdo de el lo asocio con el payaso Toni con ademán triste. Llevaba sus implementos de limpieza en una bolsa que siempre dejaba en cualquiera de los jardines que en ese entonces se dejaban expuestos y aún no habían sido corrompidos por las violencia y peligrosidad que obligo a muchos de sus dueños a encerrarlos tras barrotes de hierro. Nunca supe de donde vino, donde vivía o los detalles de su vida, lo que se es que siempre estuvo por el barrio y así como su recuerdo se aparece de improviso en mi memoria, un dia también de improviso Don Segundo desapareció. Su destino ? Solo el y su misteriosa familia como la del Chavo del 8 la sabrán.
Don Segundo dejo un vacío que no creo que alguien haya realmente extrañado, su lugar como lava carros fue tomado por eventuales palomillas y desempleados de turno quienes aprovechando la proximidad al club de tiro, el cual se llenaba de carros los fines de semana, se pelaban las mejores ubicaciones a dicho club, me imagino que existiría una tacita relación cercanía/ganancia en esto. Uno de estos chambas de turno en el oficio del lavado y guardianía de carros es el segundo personaje.
De el no me acuerdo su nombre, tal vez nunca lo supe, o simplemente lo ignore, a pesar de que permaneció en el barrio más tiempo que Don Segundo, si mal no recuerdo su nombre era Javier (?) claro que acá estoy solamente adivinando, de lo que no me puedo olvidar y creo que lo mismo le sucederá a propios y extraños al barrio es de su característica principal: su giba. Siempre los jorobados habían sido objeto de burla y tema principal de chistes como el del chato Barraza e inclusive inmortalizados en Condorito, pero yo nunca había tenido oportunidad de conocer a uno personalmente. Lo que creo es que su deformidad vertebral sobrepuso cualquier nombre cristiano con el que buenamente sus progenitores lo hayan bendecido, el era mas conocido como Quasimodo, Igor, o pajarito doble pechuga. Y realmente su historia no tendría mayor relevancia sino fuera por su mochila integrada, pues aparte de esto no tenía nada mas que lo hiciera notorio (como si su joroba no fuera suficiente). Lo único que me acuerdo de el es que lo veía venir siempre de la zona de San Judas Tadeo, el barrio malandro de Bellavista, alla cerca al mar. Siempre con un bolso y un balde para agenciarse de agua y poder realizar su función de lava carros. Mas adelante lo vi. con un silbato y una macana de policía, tal vez para imponer respeto ante los mas frecuentes malandrines que aprovechando cualquier descuido de este se podían hacer poseedores de un equipo de música o cualquier objeto dejado al alcance de ellos en el carro. La ultima vez que lo vi, ya estaba viejo y acabado, seguía fungiendo de guardián, aunque vi que un chiquillo ya había tomado su posta como lava carros, me imagino que los vecinos de la cuadra ya resignados a tenerlo como un souvenir mas del barrio, le seguían abonando sus honorarios como guardián de carros mas que por el servicio prestado por pena de verlo tan acabado y decayente como el barrio mismo, ya que en las condiciones que se encontraba no creo que hubiera sido capaz de intimidar ni siquiera a algún pirañita acomedido. No se que habrá sido de su vida, y si seguirá rondando por ahí quien sabe haciendo que, pero la ultima imagen que tengo de el es camino hacia su barrio, mas torcido y jorobado que nunca, perdiéndose en la bajada del Jr. Grau de donde siempre venia, y de por ahí mismo es que aparece mi siguiente personaje.
La primera vez que lo vi, tendría yo 8 o 9 años, el tal vez unos 14 o 15, regordete, blancon con su peinado a lo rey Arturo de corte ondulado, pantalones de nylon arriba del tobillo a lo pasa-ríos, rematados por una correa con hebilla grande y brillante, complemento perfecto de alguna camisa con color de moda o algún polo con logotipo llamativo, su nombre Tante o mas conocido como el gordo Tante. No se como llego al barrio, pero se que vivía cerca a la Perla, su pase por el barrio era mas por obligación que por convicción creo yo, ya que desde donde el estaba no había servicio de transporte publico. El único que había, el urbanito (la línea 99) ya había dejado de existir hace mucho tiempo, lo que lo obligaba a pasar por nuestro barrio para tomar su próxima conexión a sabe Dios que destino. Y creo yo que así de tanto pasar de ida y de vuelta fue que se izo conocido por los del barrio. Realmente el no despertaba la mas mínima atención (al menos en ese momento) y sus cualidades no serían conocidas hasta que departimos un poco más con el. No era su aire afeminado, con esos senos masculinos lo que llamaba la atención mas de el, era su voz. Siempre presto a deleitar a cualquiera con algún pedido musical, su música preferida: Boleros y baladas en español por supuesto. No me acuerdo si cantaba bien o mal, me acuerdo si de el alma y corazón que le ponía a cada interpretación, su cara denotaba ese sentimiento que el autor de dicha canción había intentado transmitir con su música, ese hombre realmente disfrutaba lo que cantaba. No era extraño verlo cantar con los ojos cerrados como transportándose a Puerto Mont, o cabeza gacha como llorando a aquella mujer que el señor se la llevo y se ha ido al cielo y para poder ir yo....etc. Acompañando esta dramatizaciones musicales estaba una suerte de tamboreo en su correa siguiendo la correcta cadencia y escala musical de la pieza en ejecución, a lo que podría aunarse un eventual zapateo o un puño cerrado a la altura del pecho lamentando la despedida del ser amado en la tonada de turno. Gracioso y pintoresco el gordillo aquel. Esa versatilidad con su voz fue la que lo proporciono de su otra característica y a mi humilde parecer su carta y sello de presentación: aquella risa sonora y grave como de la peor película de terror o al mejor estilo de fantasmagórico. Bondadoso con sus cualidades el nunca rechazaba una oportunidad para demostrar su don de voz ya sea con una canción o una risotada para sacar al publico expectante del letargo en que nos dejaba luego de una canción. Recuerdo una vez que a pedido de algunos amigos accedió a enseñar su risotada a un vecino mio, Tito, el tendría tal vez 5 o 6 años, flaquito, orejon de ojos tristones y voz tímida, color humilde en antípoda posición a su hermano también con las mismas características pero blanco como la leche. Pues Tito avalentonado por el tumulto no dudo en conocer a aquel personaje de quien le habían tal vez ya hablado, y acercose a Tante quien poniendo todo su enorme diafragma en funcionamiento dejo expeler todo el aire contenido en una sonora risotada que no duro mas de 5 o 6 segundos, tiempo suficiente para dejar a Tito en un estado catatónico inicial, su color obscuro se desprendió dando paso a la palidez mas lúgubre desencadenando un estado traumático que para mi fue el causante de su posterior tartamudez. El pobre crío simplemente se aterrorizo, no ataba ni desataba y menos reaccionaba hasta que estallo en llanto y desapareció en compañía de su hermano hacia su casa, ya me imagino las pesadillas que el pobre infeliz hasta ahora debe tener.
En cuanto a Tante, en ese momento desapareció, pero eso no impidió que siguiera pasando por el barrio y nos deleitara con alguna que otra tonada que acababa de aprender. Poco a poco sus paradas se hicieron mas esporádicas, el tiempo compartido mas corto y el repertorio mas pausado. Con la proliferación de autobuses y combis en todas las rutas habidas y por haber, me imagino que Tante encontró otras opciones a las de caminar por esa ruta para tomar su transporte a sabe Dios donde, y así era raro ya verlo por el barrio, aunque nunca realmente se le dejo de ver, tal vez por eso es que cada vez que aparecía se le notaba mas su transformación, primero fueron sus pantalones, cada vez mas pasa ríos y mas apretados de la cadera, embutiendo ese culo regordete en una plasta amorfa. Luego el pelo, cada vez mas largo y cuidado con esmero, pasando de un castaño obscuro a un castaño claro para terminar en un rubio oxigenado al mejor estilo Susy Díaz. Su homosexualidad era cada vez mas evidente así como su inclinación definitiva hacia las artes vocales, porque aunque nunca mas me deleito con su canto lo vi pasar mas de una vez con su guitarra al hombro, por lo que asumo yo que definitivamente agarro viada para lo que mas le gustaba y quizá estaba predestinado a hacer: cantar. La ultima vez que lo vi estaba mas rubio y regordete que nunca, caminando al compás de alguna canción que seguramente sonaba en su cabeza y perdiéndose en el mar de omnibuses que lo llevaría a su sabe Dios que destino.
....continuará